Ahora llegas, me entregas un corazón de agua,
y te sorprende el tacto, reseco de mi espalda,
y descubres, tu piel como si fuera un yermo,
desnuda ante un desierto,
se rompe el amor como un recibo viejo.
Y de golpe, comprendes dudas milenarias,
los suspiros de la rabia,
te dibujan nuevos colores en un papel.
Solo confiesale que no ha nacio el hombre
que haya atravesao mi piel.
Tu me dueles amor,
y yo le canto al dolor,
después de haberme dao tanto,
de curarme los espantos.
Solo confiesale que no ha nacio el hombre












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